Luisa

Volver al hogar. Jamás se podrán entender esas palabras hasta que llegas y abres la puerta de tu propio hogar. El día que llegué y abrí la puerta no podía parar de llorar.

Todo, absolutamente todo, tenía sentido. Cada paso, cada desazón, cada encuentro, cada lugar y cada experiencia me habían regresado al hogar, y al hogar de todos y cada uno de nosotros.

Ese día descansé y supe que todo estaba bien. En nuestro hogar no hay culpas, tristezas, ni reproches de ningún tipo. En nuestro hogar simplemente somos y estamos completos. El día que llegué sin duda recordé a Álvaro y nuestra primera sesión. Sus preguntas de ese momento no tenían respuesta o al menos la respuesta que yo tenía en ese momento no tenía nada que ver con las respuestas que yo encontré en mi hogar. Ahora bien, estoy convencida sobre que nunca habría llegado a mis verdaderas y santas respuestas; sin que alguien me hubiese planteado las preguntas correctas. Eso es Álvaro para mi. Uno de mis ángeles canalizando sus preguntas a través del coaching. Mi experiencia del coaching transpersonal se resume a eso: a la valentía de hacerle frente a las preguntas donde las respuestas pueden ser inicialmente muy dolorosas; pero que si sigues adelante, puede trascender y llegar al HOGAR. Una vez llegas a tu hogar, ya no hay vuelta atrás. Podrás salir, dar vueltas, incluso, volver a perderse, pero ya sabe como regresar. Es un camino que ya no se olvida.

Álvaro me ayudó a reconocer mi ruta, a desempolvar los caminos y a sanar lo que estaba pendiente.

¿Qué estaba pendiente? ¡Un montón de cosas! Casi imperceptibles; pero sin duda guardadas en el subconsciente. Y los caminos al hogar siempre serán más claros, puros e iluminados, cuando nos atrevemos a desempolvar, perdonar y sanar. Con amor y gratitud, Luisa.

alvaro@azuero.co

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